7 may. 2010

Casa de muñecas (Enrique Ibsen)

Acto tercero

HELMER: Hablas de nuestro matrimonio de un modo extraño.
NORA: Quise decir que de las manos de papá pasé a las tuyas. Todo te lo arreglaste a gusto tuyo y yo lo compartía, o bien fingía compartirlo, no recuerdo ahora bien: tal vez ni una cosa ni la otra; unas veces, una y otras veces, otra. Mirando hacia atrás, me parece que he vivido como viven los pobres..., al día. He vivido de las piruetas que hacía por ti, Torvaldo. Pero eso te gustaba. Tú y papá sois muy culpables respecto de mí. Vosotros tenéis la culpa si no sirvo para nada.
HELMER: Eres absurda, Nora, absurda e ingrata. ¿No fuiste dichosa aquí?
NORA: No. Creí serlo pero nunca lo fui.
HELMER: ¡Tú no has..., tú no has sido dichosa!

NORA: No. Fui alegre, nada más. Eras muy cariñoso conmigo, pero nuestra casa no fue más que salón de fiesta. Fui en tu hogar la mujer-muñeca, como antes, en el hogar de papá, fui la niña-muñeca. Y nuestros hijos también fueron muñecas para mí. Me parecía a mí divertido que tú jugaras conmigo, como a ellos les parecía divertido que yo jugara con ellos. Así fue nuestra unión, Torvaldo.

2 comentarios:

SAS dijo...

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Me encanta!
¡Es genial!
¡Perfecto!

Teatro Click dijo...

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