29 feb. 2012

La intrusa (Maurice Maeterlinck)


EL ABUELO: Has hecho entrar a alguien en la habitación.
EL PADRE: ¡Le digo que no ha entrado nadie!
EL ABUELO: ¿Ha sido vuestra hermana o un sacerdote? No hay que intentar engañarme. Úrsula, ¿quién ha entrado?
LA HIJA: Nadie, abuelo.
EL ABUELO: No hay que intentar engañarme. Yo sé lo que sé. ¿Cuántos estamos aquí?
LA HIJA: Estamos seis en derredor de la mesa, abuelo.
EL ABUELO: ¿Estáis todos en derredor de la mesa?
LA HIJA: Sí, abuelo.
EL ABUELO: ¿Estás ahí, Pablo?
EL PADRE: Sí.
EL ABUELO: ¿Estás ahí, Oliverio?
EL TÍO: Sí, claro que sí; estoy aquí, en mi sitio de siempre. No lo dice usted en serio, ¿verdad?
EL ABUELO: ¿Estás ahí, Genoveva?
UNA DE LAS HIJAS: Sí, abuelo.
EL ABUELO: ¿Estás ahí, Gertrudis?
OTRA HIJA: Sí, abuelo.
EL ABUELO: ¿Estás aquí, Úrsula?
LA HIJA MAYOR: Sí, abuelo, a tu lado.
EL ABUELO: ¿Y quién está sentado ahí?
LA HIJA: ¿Dónde, abuelo? No hay nadie.
EL ABUELO: ¡Ahí, ahí, en medio de vosotros!
LA HIJA: No hay nadie, abuelo.
EL PADRE: ¡Le dicen a usted que no hay nadie!
EL ABUELO: Pero ¡vosotros no veis!
EL TÍO: Vamos, tiene usted ganas de bromas.
EL ABUELO: No tengo ganas de bromas, os lo aseguro.
EL TÍO: Entonces, crea usted a los que ven.
EL ABUELO: (Indeciso) Os digo que ahí hay alguien… Creo que no viviré mucho tiempo.
EL TÍO: ¿A qué íbamos a engañarle a usted? ¿De qué nos serviría?
EL PADRE: Habría que acabar por decirle a usted la verdad.
EL TÍO: ¿Para qué engañarse mutuamente?
EL PADRE: No podría usted seguir en el error mucho tiempo.
EL ABUELO: (Intentando levantarse) ¡Quisiera atravesar estas tinieblas!