14 may. 2016

Don Quijote: Aventura de los cueros de vino



“-Que me maten –dijo a esta sazón el ventero- si don Quijote o don diablo no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.

Y con esto entró en el aposento, todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más extraño traje del mundo. (…) Tenía en la cabeza un bonetillo colorado, grasiento, que era del ventero; y en el brazo izquierdo tenía revuelta la manta de la cama (…), y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con algún gigante. Y es lo bueno que no tenía los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el gigante: que fue tan intensa la imaginación de la aventura que iba a fenecer, que le hizo soñar que ya había llegado al reino de Micomicón y que ya estaba en la pelea con su enemigo; y había dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino”.

Del capítulo XXXV de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

13 may. 2016

Don Quijote: Sobre los libros de caballerías


“Oyendo esto Dorotea, dijo callando a Cardenio:

-Poco le falta a nuestro huésped para hacer la segunda parte de don Quijote.

- Así me parece a mí –respondió Cardenio-, porque, según da indicio, él tiene por cierto que todo lo que en estos libros cuentan pasó ni más ni menos que lo escriben, y no le harán creer otra cosa frailes descalzos.

-Mirad, hermano –tornó a decir el cura- que no hubo en el mundo (…) caballeros semejantes que los libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingeniosos ociosos, que los compusieron para el efecto que vos decís de entretener el tiempo (…).

-A otro perro con ese hueso –respondió el ventero-. ¡Como si yo no supiese cuántas son cinco, y adónde me aprieta el zapato!”

Del capítulo XXXII de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

12 may. 2016

Don Quijote, enfadado con Sancho Panza


“Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no lo pudo sufrir, y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin decirle esta boca es mía, le dio tales dos palos, que dio con él en tierra (…).

-¿Pensáis –le dijo a cabo de rato-, villano ruin, que ha de haber lugar siempre para ponerme la mano en la horcajadura y que todo ha de ser errar vos y perdonaros yo? Pues no lo penséis, bellaco descomulgado, que sin duda lo estás, pues has puesto lengua en la sin par Dulcinea. Y ¿no sabéis vos, gañán, faquín, belitre, que si no fuese por el valor que ella infunde en mi brazo, que no le tendría yo para matar una pulga? Decid, socarrón de lengua viperina, ¿y quién pensáis que ha ganado este reino y cortado la cabeza a este gigante y héchoos a vos marqués, que todo esto doy ya por hecho y por cosa pasada en cosa juzgada, si no es el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de sus hazañas? Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser”.

Del capítulo XXX de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

11 may. 2016

Don Quijote: La princesa Micomicona


“(...) Se fue (Dorotea) a hincar de rodillas ante las de don Quijote; y aunque él pugnaba por levantarla, ella, sin levantarse, le fabló en esta guisa:

-De aquí no me levantaré, ¡oh valeroso y esforzado caballero!, fasta que la vuestra bondad y cortesía me otorgue un don, el cual redundará en honra y prez de vuestra persona y en pro de la más desconsolada y agraviada doncella que el sol ha visto (…).

(…) Y estando en esto se llegó Sancho Panza al oído de su señor y muy pasito le dijo:

-Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es cosa de nada: sólo es matar un gigantazo, y esta que lo pide es la alta princesa Micomicona, reina del gran reino Micomicón de Etiopía.

-Sea quien fuere –respondió don Quijote-, que yo haré lo que soy obligado y lo que me dicta mi conciencia, conforme a lo que profesado tengo.

Y volviéndose a la doncella dijo:

-La vuestra gran fermosura se levante, que yo le otorgo el don que pedirme quisiere”.

Del capítulo XXIX de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

10 may. 2016

Don Quijote: Penitencia


"Pidió la bendición a su señor y, no sin muchas lágrimas de entrambos, se despidió de él. (…) Mas no hubo andado cien pasos, cuando volvió y dijo:

-Digo, señor, que vuestra merced ha dicho muy bien: que para que pueda jurar sin cargo de conciencia que le he visto hacer locuras, será bien que vea siquiera una (…).

(…) Y desnudándose (don Quijote) con toda priesa los calzones, quedó en carnes y en pañales y luego sin más ni más dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podía jurar que su amo quedaba loco”.

Del capítulo XXV de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

9 may. 2016

Don Quijote: Los galeotes


"(…) Don Quijote alzó los ojos y vio que por el camino que llevaba venían hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos; venían ansimismo con ellos dos hombres de a caballo, con escopetas de rueda, y los de a pie, con dardos y espadas; y que así como Sancho Panza los vido, dijo:

-Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va las galeras.

-¿Cómo gente forzada? –preguntó don Quijote-. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?

No digo eso –respondió Sancho-, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza.

En resolución –replicó don Quijote-, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad.

-Así es –dijo Sancho.

-Pues, desa manera –dijo su amo-, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables".

Del capítulo XXII de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

8 may. 2016

Don Quijote: El yelmo de Mambrino



"Dejóse (el barbero) la bacía en el suelo, con la cual se contentó don Quijote (…). Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, tomándola en las manos, dijo:
 
-Por Dios que la bacía es buena y que vale un real de a ocho como un maravedí.

Y, dándosela a su amo, se la puso luego en la cabeza, rodeándola a una parte y a otra, buscándole el encaje, y, como no se le hallaba, dijo:

-Sin duda que el pagano a cuya medida se forjó primero esta famosa celada debía de tener grandísima cabeza; y lo peor dello es que le falta la mitad.

Cuando Sancho oyó llamar a la bacía “celada”, no pudo tener la risa, mas vínosele a las mientes la cólera de su amo y calló en mitad della”.

Del capítulo XXI de la primera parte.
Miguel de Cervantes.

7 may. 2016

Don Quijote, Caballero de la Triste Figura



"Díjole también Sancho:

-Si acaso quisieren saber esos señores quién ha sido el valeroso que tales los puso, dirales vuestra merced que es el famoso don Quijote de La Mancha, que por otro nombre se llama el Caballero de la Triste Figura.

Con esto se fue el bachiller, y don Quijote preguntó a Sancho que qué le había movido a llamarle "el Caballero de la Triste Figura", más entonces que nunca.

-Yo se lo diré -respondió Sancho-, porque le he estado mirando un rato a la luz de aquella hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y débelo de haber causado, o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de las muelas y dientes".

Del capítulo XIX de la primera parte.
Miguel de Cervantes.